En los mostradores y góndolas del departamento Loventué y la región del Caldenal, la compra diaria de alimentos vuelve a poner en evidencia una paradoja económica. Mientras en los supermercados de España un litro de leche fluida se vende a un promedio de 0,90 € (alrededor de $1.600 ARS), en los comercios pampeanos ese mismo litro roza o supera los $2.100 ARS.
Detrás de esta diferencia de precios no solo operan la inflación o la brecha cambiaria, sino dos estructuras tributarias y de política ganadera opuestas.
La carga fiscal: de la alícuota reducida al peso de la cadena
El primer factor diferenciador se encuentra en la presión impositiva acumulada hasta el punto de venta:
-
El esquema español: La Unión Europea considera a la leche un alimento de primera necesidad y aplica en España un IVA superreducido del 4%, sin superposición de tasas provinciales o municipales sobre las transacciones intermedias. De un cartón de $1.600 ARS en góndola, apenas entre $65 y $95 corresponden a impuestos.
-
El impacto en el interior pampeano: Aunque la leche fluida cuenta con exenciones o alícuotas reducidas de IVA para el consumidor final, el precio en góndola arrastra la superposición de Ingresos Brutos en cada eslabón (tambo, usina, logística y comercio minorista), sumado a las tasas municipales y los gravámenes al transporte. En total, entre un 25% y un 26% del valor final son tributos. De un litro de $2.100 ARS en un comercio local, más de $520 representan carga estatal acumulada.
Subsidios en origen frente al desafío logístico del Caldenal
El segundo pilar de esta brecha radica en el sostén económico del productor lácteo:
-
El blindaje de la PAC en Europa: Los tambos españoles reciben asistencia de la Política Agrícola Común (PAC) a través del Pago Básico a la Renta y la Ayuda Asociada al Vacuno de Leche. Este esquema inyecta entre 0,03 € y 0,08 € por litro producido en granja (equivalente a unos $60 a $135 ARS). Este aporte amortigua el impacto del costo de los alimentos balanceados, la energía y el combustible, sosteniendo la rentabilidad del productor sin trasladar todo el incremento al consumidor.
-
La realidad en el monte pampeano: En las zonas productivas de La Pampa, los establecimientos lecheros operan sin subsidios directos por litro producido y deben afrontar insumos en valores dolarizados, fluctuaciones climáticas y el costo del transporte por kilómetro para mantener la cadena de frío hacia los centros de acopio y distribución.
Dos modelos para un mismo alimento básico
El contraste refleja dos miradas sobre la producción agropecuaria y el consumo: mientras la Unión Europea inyecta recursos en origen para sostener a las granjas y fija impuestos mínimos en el punto de venta, la cadena láctea en Argentina funciona con una multiplicidad de tributos en sus distintas etapas.
Para las familias de la región caldenera, el valor final en el mostrador no solo sintetiza el trabajo del tambero y la logística territorial, sino también el peso de las decisiones fiscales aplicadas a lo largo de toda la cadena.