El nuevo ciclo del agro: crédito, inversión y cambio de lógica productiva

Salvador Di Stefano analiza el presente del campo argentino, el impacto de la baja de la inflación y el giro hacia modelos más eficientes y con valor agregado El campo argentino atraviesa un momento de transformación que, según el analista económico Salvador Di Stefano, no tiene antecedentes recientes. Lejos de una mirada coyuntural, el especialista describe un cambio de lógica que atraviesa toda la estructura productiva: desde el financiamiento hasta la forma de producir, pasando por la relación con el Estado.

“Hoy el campo le cree al Gobierno”, afirma sin rodeos. Y fundamenta esa percepción en hechos concretos: una baja de retenciones aplicada sin grandes anuncios y una política económica que, según sostiene, empieza a dar previsibilidad en un sector históricamente golpeado por la volatilidad.  Un campo que responde a señales concretas Para Di Stefano, uno de los rasgos distintivos del momento actual es la ruptura con la lógica política tradicional. “Antes se esperaba una exposición como Expoagro para anunciar medidas. Hoy eso no pasa. Se toman decisiones y listo”, explica.

Ese cambio de comportamiento, asegura, es valorado por el productor. “Hay una regla clara: si hay superávit fiscal, bajan las retenciones. Si no lo hay, no. Y el campo entiende eso”, señala.

En ese marco, sostiene que existe una expectativa permanente de reducción de la carga impositiva, aunque atada a la disciplina fiscal. “No es una promesa vacía, es una regla de funcionamiento”, insiste.

Cosecha récord y límites estructurales

El contexto productivo también acompaña. La campaña agrícola muestra niveles históricos, con volúmenes que rondan entre 155 y 160 millones de toneladas.

Sin embargo, ese crecimiento deja al descubierto una de las principales debilidades estructurales: la infraestructura. “Es prácticamente imposible transportar semejante volumen. No hay capacidad logística para sacar toda la producción”, advierte.

El problema no es menor. Rutas deterioradas, cuellos de botella en el transporte y falta de inversión en obras generan un límite concreto al crecimiento. “Se está generando riqueza a una velocidad que la infraestructura no soporta”, resume.

El giro hacia el valor agregado

Uno de los cambios más significativos se da en la lógica productiva. Durante años, el modelo dominante consistía en producir granos y exportarlos. Hoy, esa lógica empieza a modificarse.

“El maíz, por ejemplo, tiene un costo muy alto de transporte al puerto. Entonces el productor empieza a pensar: ¿por qué no transformarlo en carne dentro del campo?”, plantea.

A partir de esa idea, se expande un modelo de integración: el grano deja de venderse como commodity y pasa a ser insumo para producir proteína animal.

“Le das el maíz al cerdo, y de alguna manera estás transportando ese maíz dentro del animal. Ahorrás costos y generás más valor”, explica.

El impacto económico es significativo. “Si tenés mil hectáreas, la diferencia puede ser de cientos de miles de dólares. Por eso están apareciendo galpones porcinos por todos lados”, agrega.

El fin de las distorsiones

Para entender este cambio, Di Stefano remite al pasado reciente. Durante años, la economía argentina estuvo atravesada por distorsiones que condicionaban las decisiones productivas.

Había tasas de interés negativas, inflación alta y subsidios que alteraban todos los precios relativos”, explica.

En ese contexto, muchas decisiones se tomaban con lógica financiera y no productiva. “Sembrabas cualquier cosa que fuera dólar, no importaba la eficiencia. Era un negocio financiero”, recuerda.

Hoy, con tasas positivas y menor inflación, ese esquema cambia. “Ahora tenés que pensar qué sembrar, cómo rotar, qué insumo usar. Tenés que trabajar en serio”, afirma.

El resultado es una mayor profesionalización del sector. “El productor vuelve a necesitar al ingeniero agrónomo, al veterinario, al especialista. Se ordena todo el sistema”, señala.

Crédito: el motor silencioso

Otro factor clave es el acceso al financiamiento. Según Di Stefano, las condiciones actuales no tienen precedentes en Argentina.

“Créditos a cinco años, tasas muy bajas o incluso cero en dólares, financiamiento para maquinaria nueva y usada. Eso nunca se vio”, sostiene.

Además, destaca el impacto de la amortización acelerada, que permite recuperar fiscalmente la inversión en plazos muy cortos. “Es un incentivo enorme para invertir”, explica.

Este combo genera un círculo virtuoso: más inversión, más tecnología y mayor productividad.

La ganadería, entre la oportunidad y la crisis

El panorama ganadero, en cambio, presenta matices. Si bien mejora la rentabilidad, el sector arrastra problemas estructurales.

“El stock de ganado viene cayendo hace años. Hoy hay menos animales que antes”, advierte.

La causa principal es una tasa de faena elevada y la liquidación de vientres, lo que reduce la capacidad de reproducción. “Estamos matando más de lo que deberíamos, y eso a largo plazo genera escasez”, explica.

El resultado es claro: “La carne va a ser un bien cada vez más caro”.

A esto se suma otro factor: el tiempo que requiere la inversión ganadera. “Desde que comprás una vaca hasta que vendés el primer ternero pueden pasar tres años. No es un negocio para el corto plazo”, señala.

Un cambio cultural en marcha

Más allá de los números, Di Stefano destaca un cambio cultural profundo. El campo vuelve a pensarse como un negocio productivo y no financiero.

“El que estudia, el que entiende el sistema, es el que gana”, afirma.

En ese sentido, insiste en que el nuevo contexto premia la eficiencia y el conocimiento. “No alcanza con tener plata. Hay que saber qué hacer”, sostiene.

Construcción, consumo y nueva economía

El análisis se extiende también a otros sectores. En la construcción, por ejemplo, señala un cambio de paradigma: ya no alcanza con financiar proyectos con anticipos de compradores.

“Hoy hay competencia. El que invierte compara con bonos, con otras alternativas. Entonces el desarrollador tiene que terminar el producto y después venderlo”, explica.

A su vez, observa cambios en el consumo: crecimiento del turismo, auge de espectáculos y nuevas formas de compra. “La gente gasta distinto. Busca experiencias”, describe.

Un escenario de oportunidades y desafíos

En síntesis, el diagnóstico de Di Stefano combina optimismo con advertencias. Por un lado, destaca un contexto favorable basado en estabilidad macroeconómica, crédito y cambio de reglas.

Por otro, advierte sobre límites estructurales como la infraestructura y la caída del stock ganadero.

“El potencial es enorme, pero hay que sostener las condiciones. Si eso pasa, el campo puede ser uno de los grandes motores del crecimiento argentino”, concluye.

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