Misterios y verdades poco conocidas sobre los Reyes Magos: entrevista al presbítero exegeta Valentín Aparicio

En el marco de las celebraciones navideñas, Refugio Zabala TV emitió una entrevista especial dedicada a profundizar en una de las tradiciones más arraigadas del cristianismo: la visita de los Reyes Magos al Niño Jesús. El invitado fue el presbítero y exegeta Valentín Aparicio, reconocido especialista en Sagradas Escrituras, quien ofreció una exposición detallada, histórica y teológica sobre el significado real de los Magos de Oriente.

¿Leyenda o hecho histórico?

Aparicio fue categórico al señalar que la visita de los Magos no pertenece al ámbito de la leyenda. El Evangelio de San Mateo —explicó— los menciona explícitamente como personajes históricos que llegaron “de Oriente” para adorar al recién nacido Mesías. Aunque el texto bíblico no especifica su número, nombres ni condición de reyes, la tradición cristiana fue completando estos datos a partir de la reflexión teológica y las profecías del Antiguo Testamento.

San Mateo utiliza el término griego anatolé, que significa “el amanecer” o “el lugar por donde nace el sol”, una clara referencia a las tierras orientales, particularmente la antigua Persia.

Magos, sabios y sacerdotes

El sacerdote aclaró que la palabra “mago” no debe interpretarse con el sentido negativo moderno asociado a la hechicería. En el contexto antiguo, magus significaba “sabio”: hombres instruidos en astronomía, matemáticas, ciencias y textos religiosos. En el mundo persa, además, los magos cumplían funciones sacerdotales dentro del zoroastrismo, una religión monoteísta primitiva.

Por ello, es más preciso hablar de “sabios de Oriente”, hombres capaces de interpretar los signos celestes y reconocer en ellos la acción divina.

¿Por qué tres?

El número tres no aparece en los Evangelios, pero se deduce de los regalos mencionados: oro, incienso y mirra. Ya en el siglo III, autores como Orígenes y Tertuliano establecieron esta asociación, que quedó plasmada en la iconografía cristiana occidental y oriental.

Existen tradiciones marginales, como un evangelio armenio del siglo V, que habla de doce magos, en analogía con las doce tribus de Israel. Aparicio destacó que este número, aunque simbólico, remite a una idea central: el Mesías viene a reunir a todo Israel, incluso a las tribus perdidas, mezcladas con los pueblos paganos tras la invasión asiria del siglo VIII a.C.

La Epifanía y las tribus perdidas

Según explicó el exegeta, la adoración de los Magos no solo representa la manifestación de Dios a los pueblos paganos (Epifanía), sino también el regreso simbólico de las tribus perdidas de Israel. San Mateo, escribiendo para una audiencia judeocristiana, ve en estos sabios orientales —procedentes de regiones donde se habían dispersado esas tribus— el cumplimiento de antiguas profecías.

Isaías, en su capítulo 60, anuncia que los pueblos y los reyes caminarán a la luz del Señor. Para Aparicio, esta profecía se concreta en la visita de los Magos, que inaugura una procesión universal hacia Cristo.

La estrella y la profecía de Balaam

Uno de los pasajes más destacados de la entrevista fue el análisis de la estrella que guía a los Magos. Aparicio recordó la antigua profecía del libro de los Números (24,17), pronunciada por Balaam, un profeta oriental del siglo XIV a.C.:
“Avanza una estrella de Jacob, surge un cetro de Israel”.

Este texto, interpretado mesiánicamente incluso antes de Cristo en los targum arameos, habría sido conocido por los sabios de Oriente, expertos en astronomía y en textos religiosos. Por ello, al llegar a Jerusalén, los Magos se dirigen naturalmente al palacio de Herodes, convencidos de que el Mesías debía nacer en un entorno real.

Herodes y el contraste con Belén

El sacerdote describió a Herodes el Grande como un personaje históricamente documentado, obsesionado con el poder y capaz de asesinar incluso a sus propios hijos. Su encuentro con los Magos revela el contraste central del relato: Dios no se manifiesta en un palacio, sino en un pesebre.

Ese desplazamiento —de Jerusalén a Belén— implica una conversión interior. Los Magos deben abandonar sus expectativas para reconocer a un rey humilde, envuelto en pañales. Por eso, tras adorar al Niño, regresan por otro camino, evitando a Herodes.

El significado de los regalos

Aparicio explicó que los dones no son arbitrarios, sino profundamente teológicos:

  • Oro: reconoce a Jesús como Rey, descendiente de la casa de David.
  • Incienso: reservado a Dios, proclama su divinidad.
  • Mirra: usada para embalsamar, anuncia su humanidad y su futura pasión.

En conjunto, los regalos confiesan que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre.

Melchor, Gaspar y Baltasar

Los nombres tradicionales aparecen por primera vez en textos del siglo V y en los célebres mosaicos de la basílica de San Apolinar el Nuevo, en Rávena, del siglo VI. Más tarde, estos nombres se difundieron por toda Europa y fueron asociados simbólicamente a las distintas etnias del mundo conocido, reforzando la idea de la universalidad del mensaje cristiano.

Belén, los mosaicos y la historia viva

Uno de los datos más llamativos fue el relato de la invasión persa del año 614. Mientras los invasores destruyeron numerosas iglesias, respetaron la basílica de Belén al reconocer en sus mosaicos a los Magos vestidos al modo persa. Para Aparicio, esto sugiere la persistencia de una memoria ancestral sobre aquellos sabios orientales.

Un mensaje vigente

La entrevista concluyó con una reflexión central: los Reyes Magos no son figuras decorativas del belén, sino un espejo en el que se mira todo creyente. Representan el camino de búsqueda, conversión y adoración. Lejanos en origen, pero cercanos en fe, reconocen al Mesías antes que muchos de los suyos.

La Epifanía, recordó Aparicio, es la manifestación de un Dios que se revela a todos los pueblos y que sigue llamando, desde la humildad de Belén, a la conversión del corazón.

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