Se presentó “Memoria de los nuestros”, una propuesta de lenguaje total

En la tarde del 1 de mayo, cuando el reloj marcaba las 19:40, la sala de la Biblioteca Popular Bartolomé Mitre se transformó en un espacio de evocación, arte y memoria colectiva. Allí se presentó “Memoria de los nuestros”, una propuesta de lenguaje total que combinó música, relato, sonido e iluminación para reconstruir fragmentos de una historia profundamente arraigada en la identidad pampeana.

La obra estuvo a cargo de la voz y percusión de Vero V, junto a Javier Abalís, en guitarra y voz, mientras que Valeria Ruggeri aportó el sostén técnico desde la iluminación y los audios. La actividad fue impulsada en conjunto con el programa político partidario y cultural “Quien quiera oír que oiga”, en una convocatoria que invitó a la comunidad a detenerse, escuchar y sentir.

Desde el inicio, el clima fue íntimo. Una bienvenida sencilla anticipó lo que vendría: “un espectáculo que habla de la memoria de los nuestros”. Y así fue. La obra desplegó una narrativa sensible sobre las vidas de Nelson Nicoletti y Delfor Sombra, dos pampeanos atravesados por la militancia, la amistad y el impacto brutal de la última dictadura cívico-militar en la Argentina.

A través de relatos cargados de emoción, música y escenas reconstruidas, el público fue guiado por distintos momentos de sus vidas: la juventud, los sueños compartidos, el compromiso político, la represión, el exilio y la resistencia. La historia se tejió con pequeños gestos profundamente humanos: una guitarra que no se vende porque “los sueños no se venden”, cartas que nunca llegan, compañeros que comparten el pan en la cárcel, y amistades que sobreviven al desarraigo.

La puesta no buscó espectacularidad sino profundidad. Cada palabra, cada silencio y cada acorde construyeron una atmósfera donde lo individual se diluyó en lo colectivo. La memoria no apareció como un relato cerrado del pasado, sino como una presencia viva, que interpela el presente. Uno de los ejes más potentes fue la reivindicación de valores como la solidaridad, la empatía y la lucha compartida. La figura de Nicoletti, desde su experiencia cooperativista y política, y la de Sombra, desde el arte y el exilio, se convirtieron en símbolos de una generación atravesada por la historia, pero también sostenida por la esperanza.

El cierre dejó una imagen cargada de sentido: la memoria como un nido construido con esfuerzo colectivo, como ese de los horneros sobre el pilar simbólico de la palabra “Memoria”. Allí, en ese gesto simple, se condensó el espíritu de la obra.

Antes de despedirse, los artistas agradecieron el acompañamiento y remarcaron el sentido profundo de la propuesta: “es una obra que nos hace desterrar el individualismo por lo colectivo, mirar la historia, traerla al presente y seguir trabajando desde ahí”.La noche en la biblioteca no fue solo un espectáculo. Fue un acto de memoria, un ejercicio de identidad y una invitación a sostener, entre todos, las banderas de memoria, verdad y justicia.

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