Durante tres horas veinte minutos Milei estuvo siendo entrevistado el diecisiete de diciembre 2025

Durante más de tres horas y veinte minutos, Javier Milei desplegó una de sus exposiciones más largas y conceptuales desde que llegó a la Presidencia. Sin pausas, sin concesiones retóricas y con una marcada vocación pedagógica, el mandatario convirtió la entrevista en una clase magistral —a ratos técnica, a ratos incendiaria— sobre economía, política, poder y lo que define como la verdadera disputa de fondo en la Argentina: la batalla contra el modelo estatista que, según sostiene, dominó el país durante el último siglo. El eje que atravesó toda la conversación fue el llamado “riesgo Kuka”, un concepto que Milei defendió con insistencia frente a las críticas que lo reducen a una consigna política. Para el Presidente, no se trata de una etiqueta ideológica sino de un fenómeno económico concreto: la incertidumbre extrema generada por la posibilidad de un regreso del populismo, capaz de destruir expectativas, disparar tasas de interés y vaciar la demanda de dinero.

“Cuando te dicen que no hay mañana, el precio del futuro es cero”, explicó, recurriendo a metáforas que alternaron entre la teoría económica y el apocalipsis. En ese escenario —el del “fin del mundo”— la tasa de interés se vuelve infinita y el riesgo país se dispara. Milei insistió en que eso fue exactamente lo que ocurrió antes de las elecciones: un ataque especulativo masivo que, lejos de revelar inconsistencias del programa, reflejaba miedo político. “Gordos” del Programa de stream  La Misa

Desde allí, el Presidente avanzó hacia una crítica feroz a John Maynard Keynes, a quien responsabilizó por haber destruido los micro fundamentos de la economía moderna y legitimado la intervención estatal. Con referencias históricas, anécdotas académicas y juicios lapidarios, Milei sostuvo que la “Teoría General” es el peor de los libros de Keynes y el origen intelectual de políticas que, a su entender, terminaron justificando inflación, déficit y expansión ilimitada del Estado.

Pero la entrevista no quedó atrapada en el plano teórico. Milei dedicó largos pasajes a describir el estado crítico en el que —según afirmó— recibió la economía argentina: sobrante monetario récord, riesgo de hiperinflación, deudas ocultas, controles de capitales, tarifas atrasadas y un Banco Central “peor que el de la previa a la hiper del ’89”. El diagnóstico fue contundente: “Estaban todas las bombas plantadas”.

En ese contexto, defendió la secuencialidad del ajuste como la clave del éxito. “No se trata de cortar cables al azar; hay que saber cuál cortar y cuándo”, dijo, al relatar las decisiones tomadas durante los primeros meses de gestión. La estabilización fiscal en tiempo récord, el desarme del déficit cuasi fiscal y la recomposición de precios relativos fueron presentados como logros técnicos, pero también como actos de decisión política frente a un sistema acostumbrado a postergar costos.

Uno de los momentos más enfáticos llegó cuando abordó la política social. Contra la acusación de insensibilidad, Milei reivindicó lo que llamó una “ética de la emergencia”: asistencia directa, duplicada en términos reales, pero sin intermediarios. “La mejor contención social fue cortar a los gerentes de la pobreza”, afirmó, al explicar cómo se incrementó la ayuda sin aumentar el gasto, eliminando estructuras que —según denunció— financiaban marchas y presión callejera.

La entrevista también dejó espacio para la confrontación directa con periodistas, economistas y dirigentes a los que acusó de ignorancia, mala fe o intereses creados. Milei volvió sobre una idea que repite como mantra: la Argentina fracasó no por falta de diagnósticos, sino por negarse sistemáticamente a atacar las causas del problema. “Durante cien años se trataron los síntomas; nunca la enfermedad”, resumió.

Hacia el cierre, el Presidente conectó economía y poder. Habló de la complicidad de sectores políticos, empresariales y mediáticos; del rol de las redes sociales en la erosión del monopolio informativo tradicional; y del equilibrio fiscal como la “piedra filosofal” que desarmó el andamiaje del viejo sistema. Según su visión, el ataque actual no es técnico ni social, sino político: romper el equilibrio para que todo vuelva a estallar.

En la entrevista .Milei habló como economista, como polemista y como Presidente que se sabe bajo examen permanente. “Estamos becados”, dijo en un momento. “Tenemos que sacar diez en todo”.

Al terminar, quedó claro que no buscó persuadir a los indecisos, sino reafirmar un núcleo duro de convicciones. Tres horas y veinte minutos después, el mensaje fue uno solo: el ajuste no fue un accidente, la confrontación no es retórica y el modelo —asegura— llegó para quedarse.

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