La marcha, convocada como el “Día de la Libertad”, discurrió por las cercanías de la Puerta de Brandeburgo entre consignas contra la “tiranía” de la jefa de Gobierno alemana, Angela Merkel y sus  aliados, la industria farmacéutica y el multimillonario estadounidense Bill Gates.
Quedó desarmada antes de llegar a su objetivo, la Columna de la Victoria, en el corazón de la capital, en medio de tensiones entre policía y los convocantes.

Nadie respetaba el distanciamiento físico ni  usaba la mascara, pese a ser ésta una de las condiciones impuestas por las autoridades para autorizar la marcha.

La manifestación se transformó entonces en decenas de grupos disgregados dispuestos a concentrarse de todos modos en la Columna, mientras otros se dirigían a objetivos alternativos, como la sede de la Cancillería o Jefatura de Gobierno, informó la agencia de noticias EFE.

Llegaron a reunirse unos 17.000 manifestantes, según la televisión pública regional RBB, entre los que también había comerciantes descontentos con la restricciones a la vida pública.

Los medios de todo el mundo tachan la noticia como “ultraderechista” o “antivacunas”  aunque solo buscan libertad de comercio, de movimiento y sobre sus propios cuerpos al pedir que el gobierno no les imponga el uso de  mascaras que no sirven a los fines que el gobierno arguye,porque el uso permanente de las mismas aumenta patologías que no estaban presentes antes de obligar su uso.

Las autoridades berlinesas desplegaron un fuerte dispositivo de seguridad; porque la movilización coincidió con una veintena de otras manifestaciones, incluidas tres de signo izquierdista contra la marcha de los negacionistas.

Al despliegue para ese tipo de manifestaciones políticas se suman otros dispositivos policiales destinados a evitar problemas de orden público ante el creciente número de fiestas “espontáneas” que desde hace semanas se suceden en la capital alemana.

Son fiestas o picnics al aire libre, que llegan a juntar a miles de participantes. Las autoridades muestran cierta tolerancia, por entenderlas como una forma de dar entretenimiento a los adolescentes y jóvenes mientras clubes y discotecas siguen cerrados.

Algunas acaban en disturbios, como los generados hace unas semanas en Fráncfort o Stuttgard.

La manifestación por el fin de las restricciones se produce en un momento de gran preocupación entre las autoridades por el incremento de nuevos contagios, tanto “importados” como locales.