El presidente de Venezuela habría sido secuestrado por Militares de USA y llevado al país norteño

La madrugada del 3 de enero quebró la rutina nocturna de Caracas. Eran cerca de la 1:30, hora local, cuando los primeros reportes comenzaron a multiplicarse en redes sociales: vecinos de distintos sectores de la capital aseguraban haber escuchado el sobrevuelo de aviones a baja altura. La inquietud creció minuto a minuto.

Unos veinte minutos después, el estruendo confirmó los temores. El reloj se aproximaba a las 2:00 cuando fuertes explosiones sacudieron la ciudad y destellos iluminaron el cielo nocturno. El ruido se escuchó a varios kilómetros de distancia y dejó a miles de caraqueños en estado de alarma. Desde balcones y ventanas, y en medio de la confusión, comenzaron a circular las primeras imágenes captadas por ciudadanos con sus teléfonos móviles.

Según el relato de testigos, se trató de un ataque militar preciso y coordinado. El régimen de Nicolás Maduro denunció horas más tarde, a través de un comunicado oficial, que las acciones habrían sido ejecutadas por fuerzas de Estados Unidos contra objetivos estratégicos del país, calificándolas como una agresión extranjera.

Las detonaciones fueron reportadas en puntos clave del poder militar venezolano. Entre ellos, el Fuerte Tiuna, el principal complejo militar del país ubicado en el oeste de Caracas, donde funcionan el Ministerio de Defensa, la Comandancia General del Ejército, la Academia Militar y la residencia del vicepresidente. También se mencionó la base aérea Generalísimo Francisco de Miranda, conocida como La Carlota, considerada una de las instalaciones más sensibles del sistema de defensa nacional.

Minutos después de las explosiones, testigos afirmaron haber visto helicópteros y aeronaves sobrevolando la capital a baja altura, reforzando la versión de una operación militar en desarrollo. El clima de incertidumbre se mantuvo durante varias horas, mientras continuaban los reportes aislados desde distintos puntos del país.

El comunicado oficial amplió el alcance de los ataques y señaló que no solo Caracas habría sido blanco de las acciones, sino también los estados de Miranda, La Guaira y Aragua. Entre los lugares mencionados se encuentran el Cuartel de la Montaña, en Catia, donde reposan los restos del fallecido expresidente Hugo Chávez; la base de helicópteros de Higuerote, estratégica para el apoyo aéreo en la región capital; el aeropuerto de El Hatillo y el cerro El Volcán, donde se concentran antenas de transmisión televisiva.

En La Guaira, se reportaron impactos en instalaciones de las fuerzas navales, mientras que en estados como Lara y Aragua —especialmente en Barquisimeto y Maracay— se habrían registrado ataques en zonas de alto valor militar, donde operan la Escuela de Aviación Militar, aeropuertos castrenses, campos de entrenamiento táctico y empresas vinculadas al desarrollo de armamento.

Entre los reportes más sensibles también se mencionó el Palacio Federal Legislativo, sede de la Asamblea Nacional afín al oficialismo, aunque hasta el momento no se difundieron detalles oficiales sobre daños o víctimas.

Mientras amanecía en Caracas, el país permanecía en vilo. Las autoridades reforzaron el discurso de denuncia internacional y la población seguía aferrada a las redes sociales como principal fuente de información, en una jornada marcada por el miedo, la incertidumbre y la falta de precisiones oficiales sobre el alcance real de los hechos

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